RECETA | Mermelada de castaña

Me flipan las castañas. Su sabor, su olor, su textura… Son puro otoño, ¡y el otoño mola! Aunque mi versión favorita serán siempre las asadas, de vez en cuando me gusta probarlas de alguna otra manera. Como el año pasado, que se me dio por hacer mermelada con ellas. Me gustó tanto que este otoño he querido repetir, así que he aprovechado para sacar algunas fotos y compartir con vosotros mi receta de mermelada de castaña.

Si la hacemos con las medidas que doy en la siguiente imagen, llenaremos un tarro de tamaño normal, de mermelada de súper, hasta los topes. Aclaro que los 250 gramos de castañas debemos pesarlos después de quitarles la cáscara. Además, si intuimos que algunas pueden tener bichito, es mejor que cojamos unas cuantas más porque puede que no nos demos cuenta hasta después de cocerlas, y entonces será tarde.



Les quitamos la cáscara a las castañas, pero no la piel, y las ponemos al fuego en una olla con mucha agua. Cuando empiece a hervir, las dejamos a fuego medio durante unos 30 minutos, hasta que estén tiernas.



Después de cocerlas, escurrimos el agua y esperamos a que enfríen un poco. Cuando estén aún calientes, pero manejables, les quitamos la piel. Hacerlo es muy fácil mientras las castañas están todavía húmedas, porque prácticamente la piel se desprende sola.



Las desmenuzamos con ayuda de un cuchillo o una picadora eléctrica.



Ponemos el azúcar blanco y el azúcar moreno en una olla con medio vaso de agua, y esperamos durante unos minutos a que se convierta en un almíbar ligero. Agregamos las castañas, la manzana previamente rallada, la canela y la esencia de vainilla. Removemos bien y, desde el momento en que empiece a hervir, dejamos cocer a fuego lento durante 30-40 minutos, hasta que espese.



¡Ni una sola receta para el blog sin fail! El mejunje se me quemó un poco y se puso más oscuro de lo normal. Debería haber tomado un tono más claro y pelín verdoso. La buena noticia es que en el sabor apenas noto un ligero toquecillo a incendio.



Aunque en este punto el aspecto de la mezcla no es nada agradable, especialmente si incluye trocitos de castañas quemadas, lo solucionamos en un pispás pasándole la batidora.

Luego sólo nos queda meter la mermelada en un tarro, ¡y a comer! No me molesté en envasarla al vacío porque el año pasado hice un bote grande, también sin vacío, que duró meses en perfecto estado, así que no hay problema.




El resultado es una mermelada intensa, contundente, más bien seca, pero suave. No puedo describiros el sabor con exactitud, pero sí deciros que me encanta. Más que para el desayuno, me gusta para la merienda. Soy clásica y la tomo con tostadas de pan de molde, pero seguro que hay muchas otras maneras de sacarle partido, incluso utilizándola como relleno para otros postres.

Si os gustan las castañas, la canela y esos sabores tan típicos de esta época del año, creo que os encantará 🙂

¿Habéis probado alguna vez la mermelada de castaña? ¿Os gusta? ¿Con qué la acompañáis?

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